
El cine, como ya sabemos todos, está en crisis desde hace unos añitos. Con la mejora de los equipos domésticos y la facilidad de acceso gratuito que supone la red, mucha gente piensa que los 8 euros que te puede llegar a costar una entrada a la sala no merece la pena cambiar el salón de su casa por la butaca y las palomitas.
Ante esto, la industria tenía la solución: el 3D. Y con Avatar llegó el escándalo, y la gente se pirriaba por ver el cacareado 3D. Y entonces grandes producciones que no pasaban de la segunda dimensión se echaron las manos a la cabeza y corrieron a toda prisa para adaptarse y estrenarse en el nuevo formato. Ahora, son multitud de películas (todas las de animación, o casi todas, y muchas de acción) las que pasean por las salas su tercera dimensión sin que nadie se extrañe ya. Pero, pasada la novedad ¿es este 3D el futuro del cine, el "plus" que hará al espectador acudir a la sala?
Tras la novedad inicial parece que la expectación comienza a decaer. La tecnología no es aún lo suficientemente de calidad como para evitar ciertas sensaciones incómodas de mareo, y a veces simplemente parece que el 3D pasa tan de puntillas que no aporta nada.
Esta obsesión por estrenar a toda costa un producto en tres dimensiones, ¿se reconducirá hacia un punto en el que los avances aporten algo a la película? ¿o irá muriendo cuando los espectadores se cansen de pagar 3 euros más por algo que ya no les resulta una novedad?
Os recomiendo el siguiente artículo de El País... y dejo la pregunta en el aire...
No hay comentarios:
Publicar un comentario